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La pasión
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Havana Club
A propósito de Cuba
Los Santeros o Regla de Osha-Ifá es un conjunto de sistemas religiosos que funden creencias católicas con la cultura tradicional yoruba. Es, por lo tanto, una creencia religiosa surgida de un sincretismo de elementos europeos y africanos.
“Cuando uno llega a ganar sabiduría se da cuenta que las mas grandes verdades son las mas simples. La profundidad descansa en el núcleo de las ideas y la energía. Esto se demuestra en el concepto y el conocimiento de la naturaleza por los Yorubas y las bases de la Religión Yoruba.
Cada aspecto de la Naturaleza exhibe un movimiento constante y dinámico diseñado para alcanzar y mantener el balance. Una tormenta disipa el exceso de calor, los terremotos eliminan la excesiva presión tectónica, las horas del día y la noche señalan el despertar o el descanso de árboles, plantas y animales en un ambiente habitable.
Los Yorubas observaron, sintieron y comprendieron el poder y la necesidad de este balance. Cuando por cortos períodos, la naturaleza estaba fuera de control, ya sea debido a sequías, incendios forestales, inundaciones, o calor excesivo, los habitantes de esa área sufrían las consecuencias. Era solo cuando la naturaleza de forma dinámica corregía este desbalance de corta duración que la seguridad y la salud eran restauradas. Ellos también observaron otra verdad crítica. Todos los seres humanos de este planeta llegan a su balance propio como resultado del balance de la naturaleza.”
Los yoruba constituyen aproximadamente el 30% de la población total de Nigeria, y llegan desde los 28 hasta los 40 millones de individuos en toda la región (22 millones hablan su idioma). Comparten fronteras con los borgu (también llamados bariba y borgagua) en el noroeste, los nupe y ebira en el norte, los esan y edo en el sureste, los igala y otros grupos relacionados en el noreste y los egun, fon y otros pueblos de habla gbe en el suroeste.
Aunque la mayoría de los yoruba vive en el suroeste de Nigeria, hay también significativas comunidades yoruba (o de origen yoruba) en la repúblicas de Benín y Togo, así como una diáspora yoruba en Sierra Leona, Brasil, Cuba, Puerto Rico, Trinidad y Venezuela
Los yorubas son el principal grupo étnico de los estados de Ekiti, Lagos, Ogun, Ondo, Osun y Oyo, que son subdivisiones políticas de Nigeria; también constituyen una significativa proporción de los estados de Kwara y Kogi, así como de la república de Benín.
También cuentan con todo un sistema religioso que se ha expandido en toda la diáspora yoruba, conocida como Regla de Osha-Ifa o mitología yoruba.
Muchas personas de ascendencia africana en América poseen ancestros yorubas (junto a otros muchos grupos étnicos) en alguna proporción. Un porcentaje significativo de africanos esclavizados en el continente americano tienen sus orígenes en esta región.
Frío
El muro
La vida acuática
El París de Robert Doisneau
En el año 1981 un editor llamó a Robert Doisneau con la intención de publicar un poster con la foto que en 1950 había realizado para la revista LIFE. El beso del Hotel de Ville se convirtió en la imagen más conocida del fotógrafo y una exaltación del amor en París. Desde entonces son muchas las parejas que han declarado ser los protagonistas de esta escena. En 1993 Denis y Jean-Louis Lavergne llevaron al autor a los tribunales asegurando ser los amantes de la mundialmente reproducida postal, reclamando una parte de los beneficios originados. La demanda obligó al fotógrafo a reconocer que la imagen no era espontanea. La pareja formada por Françoise Bornet y su novio Jacques Carteaud -cuyo idilio duró nueve meses- a los que había visto anteriormente besándose en un café, fueron sus modelos. La serie posterior de imágenes que realizó a los novios posando, le libró de la demanda. Pero años más tarde fueron ellos mismo los que llevaron de nuevo al fotógrafo a los tribunales solicitando parte de los pingües beneficios. Volvió a librarse demostrando que habían cobrado por su trabajo y recibido a cambio una copia “del beso” firmada y sellada por el autor. En el año 2005 Francoise Bornet vendió en una subasta de arte la copia a un coleccionista suizo, la cantidad pagada fueron 155.000 euros.
Afred Stieglitz
[...] La obra de Stieglitz, desde sus más tempranos ejemplos realizados hace 35 años hasta las cosas sorprendentes que hace actualmente, muestra, de forma incluso más evidente, esta notable ausencia de interferencias con la auténticas cualidades de la fotografía. No hay ni el menor asomo de sentimiento pictórico ni evidencia alguna del deseo de pintar. Hace años, cuando estudiaba en Alemania, los pintores decían al ver sus fotografías: “Naturalmente, esto no es arte, pero nos gustaría pintar como tú fotografías”. Su respuesta era: “No sé nada sobre arte, pero por alguna razón , nunca he querido fotografiar como vosotros pintáis”. Esto es una declaración completa de la diferencia existente entre la actitud de Stieglitz frente a la fotografía y la de la mayoría de los fotógrafos. Y está ahí, en su trabajo, desde sus más tempranas hasta las últimas. Desde el principio Stieglitz aceptó la cámara, descubrió instintivamente en ella algo que formaba parte de si mismo y la amó. Y este es el prerrequisito para cualquiera que pretenda realizar una manifestación fotográfica vital.
No quiero discutir en detalle la obra de Stieglitz, ya que una nueva exposición de sus últimos trabajos se inaugura el próximo 1 de abril (1923) en las Galerías Anderson. Vayan y vean por si mismos. Si es posible, vean sus primeros trabajos en Camera Work para así poder seguir el desarrollo de su conocimiento y de su percepción. Stieglitz ha ido mucho más lejos que Hill. Su obra es mucho más amplia, más consciente, resultado de muchos más años de intensa investigación. Cada instrumento, forma, textura, linea e incluso cada impresión de color está puesto en juego, subyugados a través de la maquina que tiene como única finalidad la expresión. Observen como cada objeto, cada brizna de hierba se hace sentir y se tiene en cuenta; es la total aceptación y utilización de todo elemento que se encuentre frente a ella. Adviertan, también, que tanto la forma como las dimensiones de los soportes de sus fotografías acaban formando parte de esta expresión. A veces pasa meses intentando montar sus fotografías, obteniendo presentaciones llenas de sensibilidad. Observen también en qué forma ha utilizado la solarización; conscientemente ha convertido este defecto en virtud y ha hecho el negativo pensando en ello. Esto es realmente un uso creativo del material, perfectamente legítimo, perfectamente fotográfico.
En otras palabras, vayan y vean lo que realmente es la fotografía, lo que es capaz de registrar cuando está en manos de alguien que ha trabajado con gran respeto e inteligencia; alguien que ha vivido intensamente, sin teorías. Stieglitz luchó durante años para dar a otra gente la oportunidad de trabajar y evolucionar, y todavía sigue luchando. Los fotógrafos fallaron. No evolucionaron, no progresaron. Stieglitz ha hecho por la fotografía lo que ellos no fueron capaces de hacer. La ha sacado del reino de las concepciones erróneas y de las promesas y la ha hecho realidad.
En su exposición de hace dos años dejó a un lado la cuestión de si la fotografía era o no arte, ya que esto no tenía importancia para él; lo mismo habría hecho 35 años atrás. Porque nadie sabe -y menos quienes presumen de tener dichos conocimientos- qué es arte, o qué es Dios, o qué es cualquier otra abstracción. Sin embargo, hay unos pocos que saben qué es fotografía y qué es pintura. Saben que hay mucha pintura que es mala fotografía, al igual que casi toda la fotografía es mala pintura. En resumen, saben reconocer cuando algo es genuino y vivo, o cuándo es falso y está muerto.
Para terminar, quiero dirigirme a los estudiantes de fotografía. Digo estudiantes sin ningún matiz despectivo. Todos somos estudiantes, incluso Stieglitz. Algunos lo son por más tiempo que otros, más experimentados. Cuando dejen de ser estudiantes, puede que dejen de estar vivos en lo que concierne al sentido de su trabajo. Por lo tanto les hablo de estudiante a estudiante, dejando a un lado la experiencia propia. Quiero decirles, pues, que antes de dedicar su tiempo a la fotografía -que por otro lado les tomará mucho- piensen hasta que punto es importante para cada uno de ustedes. Si lo que realmente persiguen es pintar, entonces no fotografíen, excepto si lo que buscan es divertirse como lo hace el resto de los clientes de Eastman. La fotografía no es un atajo para llegar a la pintura, para llegar a ser artista o para cualquier otra cosa. Por otro lado, si la cámara y sus materiales les fascina y motiva su energía y respeto, aprendan a fotografiar. Descubran primero que puede hacer esta cámara y estos materiales sin ninguna interferencia, únicamente con su propia visión. Fotografíen un árbol, una máquina, una mesa, cualquier trasto viejo; háganlo una y otra vez modificando la iluminación. Observen lo que registra su película. Descubran los resultados que se obtienen con los distintos tipos de papel (bromuro, cloruro, paladio) y sus diferentes gradaciones. Las diferencias de color que pueden obtenerse al utilizar uno u otro revelador, y en qué forma estas diferencias cambian la expresividad de la imagen. El campo es ilimitado, inagotable, sin tener que salir de las fronteras naturales del medio. En resumen, trabajen, experimenten y olvídense del arte, del pictorialismo y de otras palabras en mayor o menor grado carentes de sentido. Observen Camera Work, háganlo críticamente; por lo menos conocerán lo que han hecho los fotógrafos. Y observen también críticamente lo que se está haciendo en general y lo que cada uno de ustedes realiza ahora. Si quieren, observen la pintura, pero observen su desarrollo; no se queden con Whistler o las pinturas japonesas. Algunos han dicho que los retratos de Stieglitz tenían fuerza porque hipnotizaba los modelos. Vayan y miren lo que hizo con las nubes; descubran si sus poderes hipnóticos se extendían también sobre los elementos.
Observen todas esas cosas. Vean qué significan para ustedes; asimilen lo que puedan y olvídense del resto. Sobre todo, miren las cosas que les rodean, su mundo inmediato. Si están vivos, significará algo para ustedes , y si se interesan lo suficiente por la fotografía y saben como usarla, querrán fotografiar ese significado. Si permiten que la visión de otra gente se interponga entre el mundo y su propia visión, conseguirán algo ordinario y sin sentido: una fotografía pictorialista. Pero si conservan esta visión clara, conseguirán hacer algo que por lo menos será una fotografía con vida propia, al igual que un árbol o una caja de cerillas -siempre que crean que estas cosas tienen vida propia-. Para conseguir esto no existen atajos, ni fórmula, ni reglas; únicamente en todo caso las que rigen la vida de cada uno. Sin embargo, es necesaria la autocrítica más rigurosa y el trabajo constante. Pero primero aprendan a fotografiar. Para mí esto constituye ya un problema sin fin.
La motivación artística en fotografía (1923)
Paul Strand
Recogido en el libro Estética fotográfica de Joan Fontcuberta (editor)

























